Algo falla

Algo falla en esta sociedad, donde hoy alguien te saluda, te sonríe y te da la mano, y mañana, todo ha cambiado, una mirada recelosa, un pensamiento esquivo a lo que antes era y ya no es, donde sus labios ya no gesticulan palabras afables, sino todo lo contrario, comienzan a sonar entre líneas términos los cuales dañan el oído.
Donde antes había un pensamiento bueno hacia tu persona, hoy ocupa a juicio rápido otros que no concuerdan con los anteriores. Actuamos al son que vivimos y nos juzgan al son que actuamos, sin pensar en que hacemos y sin que pienses realmente por que lo hacemos. Creamos prejuicios sin ton ni son, y cerramos nuestras puertas sin razón lógica alguna, a quien actúa de forma diferente a como nosotros lo haríamos, y todo por enorgullecer nuestra ansia de juicios sobre el resto. Tomamos palabras y pensamientos a nuestro libre albedrío para después unirlas y obviar de nuestra vida a personas que ayer formaban de alguna manera parte de ella.
Solo me pregunto si no sería mas bonito, inteligente, sabio, respetable, maduro, moral, que por un momento fugaz todos pensemos que debemos dejar siempre las puertas abiertas a todos y conocer uno por uno aquellos que nos rodean, que nos han rodeado o que nos rodearon alguna vez y entenderlos.
La razón tiene muchas encrucijadas las cuales creemos entender no siendo así. Dejemos de creer en nuestra propia y egoísta razón. Por que cuando consigamos eso y entendamos la esencia de todo comportamiento, podremos ser un poco mejores con nosotros mismos. Y solo al término de aquello que consigamos podremos llamarlo tímidamente comienzo de madurez.

Javier Gómez Gil.

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Richard Gere nos recomienda estos 21 pasos

Richard Gere recomienda que vivamos así:

1.- Olvídate de la edad cronológica, es sólo un número.
2.- Mejora tus relaciones con los que te rodean, mejorará el aspecto de tu piel.
3.- Despiértate siempre con una sonrisa.
4.- Juega por jugar, diviértete con lo que te gusta hacer. Cumple algún sueño infantil.
5.- Cuida tu alimentación, disfruta con ella, no te excedas en nada y equilibra las proteínas, los hidratos de carbono y las grasas.
6.- Muévete, camina, nada, practica algún deporte. Ve probando hasta que encuentres lo que mejor le sienta a tu cuerpo.
7.- Aprende a ver en cada enfermedad un maestro, en cada bache de la vida una lección que aprender.
8.- Sé sobre todo agradecido.
9.- Aprende cada día algo nuevo, es un seguro contra enfermedades neurodegenerativas.
10.- Exprésate y escucha a los demás, abre nuevos canales de comunicación. Aprende a utilizar las nuevas tecnologías.
11.- Practica algún arte. Si no lo has hecho nunca, busca un maestro e imponte una disciplina. Disfrútalo.
12.- Aléjate de personas tóxicas, procura estar al lado de quien amas.
13.- No contamines tu cuerpo con lo que le perjudica.
14.- Abre tu corazón, no digas siempre “yo pienso”, incluye en tus mensajes “yo siento”.
15.- Haz todos los días algo diferente. Toma caminos distintos, tira lo que no te sirva, renueva tu vestuario, desordena alguna de tus rutinas, prueba a entrar en lugares nuevos.
16.- No te auto limites en la forma de vestir, en la decoración de tu casa, en la música que escuchas… todo lo que hace disfrutar, si no hace daño, está disponible para todas las edades.
17.- Encuentra todos los días una noticia positiva y compártela con alguien.
18.- Practica la bondad y el desapego.
19.- Aprende a recibir.
20.- Juzga menos (mejor nada), ama más.
21.- Vive cada momento, pero si tu mente viaja en el tiempo que sea más hacia el futuro que hacia el pasado.

Espero curarme de ti

 

 

 

Este poema de Jaime Sabines, con la maravillosa voz de Montse López, así estrenamos nuestra sección semanal de audio poemas.

Una de las formas que tenemos para expresar sentimientos y emociones, es con la palabra, y si viene de una voz que pone pasión por lo que hace, lo expresado es mucho más valioso.

Montse López lleva más de 20 años dedicada a su pasión, la radio, actualmente realiza un Magazine Matinal de lunes a viernes de 10 -13 hrs ” Frecuencia Cotidiana ” en radio Sant Esteve de Sesrovires  http://www.rtv10.net/ con más de 40 colaboradores semanales.

Gracias  por colaborar y compartir tu voz con todos nosotros.

¡Me declaro Vivo!

¡Me declaro Vivo!
Saboreo cada acto
Antes cuidaba que los demás no hablaran mal de mi,
Entonces me portaba como los demás querían
Y mi conciencia me censuraba.
Menos mal que a pesar de mi esforzada buena educación
Siempre había alguien difamándome.
¡Cuánto agradezco a esa gente
Que me enseñó que la vida
No es un escenario!
Desde entonces me atreví a ser como soy.
El árbol anciano me enseñó
Que todos somos lo mismo.
Soy guerrero
Mi espada es el Amor,
Mi escudo el humor
Mi hogar la coherencia,
Mi texto la libertad
Si mi felicidad resulta insoportable,
Discúlpenme,
No hice de la cordura mi opción.
Prefiero mi imaginación a lo indio,
Es decir inocencia incluida.
Quizás solamente que ser humanos.
Sin Amor nada tiene sentido,
Sin Amor estamos perdidos,
Sin Amor corremos el riesgo
De estar de nuevo transitando
De espaldas a la luz.
Por eso es muy importante que sea
El Amor lo único que inspire tus actos.
Anhelo que descubras el mensaje que
Se encuentra detrás de las palabras;
No soy sabio,
Solo un enamorado de la vida.
La mejor forma de despertar
Es hacerlo sin preocuparse
Porque nuestros actos incomoden
A quienes duermen al lado.
La meta no existe, el camino y
La meta son lo mismo.
No tenemos que correr hacia
Ninguna parte,
Solo saber dar cada paso plenamente.
Cuando somos más grandes
Que lo que hacemos,
Nada puede desequilibrarnos.
Pero cuando permitimos que
Las cosas sean más grandes
Que nosotros, nuestros desequilibrios
Están garantizados.
Quizás sólo seamos agua fluyendo,
El camino nos lo tenemos que hacer nosotros.
Más no permitas que el cauce esclavice al río,
No sea que en vez de un camino
Tengas una cárcel.
Amo mi locura que me vacuna
Contra la estupidez.
Amo el Amor que me inmuniza
Ante la infelicidad que pulula por doquier,
Infectando almas y atrofiando corazones.
La gente está tan acostumbrada a ser infeliz,
Que la sensación de felicidad
Les resulta sospechosa.
La gente está tan reprimida,
Que la espontánea ternura le incomoda
Y el amor le inspira desconfianza.
La vida es un canto a la belleza,
Una convocatoria a la transparencia.

Indio Quechua “El jardinero fiel”.
http://www.hawlo.com

Somos la generación que no quiere relaciones

Queremos una segunda taza de café para las fotos que subimos a Instagram los domingos por la mañana, otro par de zapatos en nuestras fotos artísticas de pies. Queremos poner en Facebook que tenemos una relación para que todo el mundo pueda darle a “me gusta” y poner un comentario, queremos una publicación digna del hashtag #parejaperfecta. Queremos tener a alguien con quien ir de brunch los domingos, con quien quejarnos los lunes, con quien comer pizza los martes y que nos desee buenos días los miércoles. Queremos llevar acompañante a las bodas a las que nos inviten (¿Cómo lo habrán hecho? ¿Cómo habrán conseguido un felices para siempre?). Pero somos de la generación que no quiere relaciones.

Buceamos por Tinder en un intento de encontrar a la persona adecuada. Como si tratáramos de hacer un pedido a domicilio de nuestra alma gemela. Leemos artículos como Cinco maneras de saber que le gustas o Siete formas de gustarle, con la esperanza de ser capaces de moldear a una persona para tener una relación con ella, como si de un proyecto de artesanía que hemos visto en Pinterest se tratase. Invertimos más tiempo en nuestros perfiles de Tinder que en nuestra personalidad. Y aun así no queremos tener una relación.

Hablamos y escribimos mensajes de texto, mandamos fotos o vídeos por Snapchat y tenemos conversaciones subidas de tono. Salimos y aprovechamos la happy hour, vamos a tomar un café o a beber cerveza; cualquier cosa con tal de evitar tener una cita de verdad. Nos mandamos mensajes para quedar y mantener una charla insustancial de una hora solo para volver a casa y seguir manteniendo una charla insustancial mediante mensajes de texto. Al jugar mutuamente a juegos en los que nadie es el ganador, renunciamos a cualquier oportunidad de lograr una conexión real. Competimos por ser el más indiferente, el de la actitud más apática y el menos disponible emocionalmente. Y acabamos ganando en la categoría el que acabará solo.

Queremos la fachada de una relación, pero no queremos el esfuerzo que implica tenerla. Queremos cogernos de las manos, pero no mantener contacto visual; queremos coquetear, pero no tener conversaciones serias; queremos promesas, pero no compromiso real; queremos celebrar aniversarios, pero sin los 365 días de esfuerzo que implican. Queremos un felices para siempre, pero no queremos esforzarnos aquí y ahora. Queremos tener relaciones profundas, pero sin ir muy en serio. Queremos un amor de campeonato, pero no estamos dispuestos a entrenar.

Queremos alguien que nos dé la mano, pero no queremos darle a alguien el poder para hacernos daño. Queremos oír frases cutres de ligoteo, pero no queremos que nos conquisten… porque eso implica que nos pueden dejar. Queremos que nos barran los pies, pero, al mismo tiempo, seguir siendo independientes y vivir con seguridad y a nuestro aire. Queremos seguir persiguiendo a la idea del amor, pero no queremos caer en ella.

No queremos relaciones: queremos amigos con derecho a roce, “mantita y peli” y fotos sin ropa por Snapchat. Queremos todo aquello que nos haga vivir la ilusión de que tenemos una relación, pero sin tener una relación de verdad. Queremos todas las recompensas sin asumir ningún riesgo, queremos todos los beneficios sin ningún coste. Queremos sentir que conectamos con alguien lo suficiente, pero no demasiado. Queremos comprometernos un poco, pero no al cien por cien. Nos lo tomamos con calma: vamos viendo a dónde van las cosas, no nos gusta poner etiquetas, simplemente salimos con alguien.

Cuando parece que la cosa empieza a ir en serio, huimos. Nos escondemos. Nos vamos. Hay muchos peces en el mar. Siempre hay más oportunidades de encontrar el amor. Pero hay muy pocas de mantenerlo hoy en día…

Esperamos encontrar la felicidad. Queremos descargarnos a la persona perfecta para nosotros como si fuera una aplicación nueva; que puede actualizarse cada vez que hay un fallo, guardarse fácilmente en una carpeta y borrarse cuando ya no se utiliza. No queremos abrirnos; o, lo que es peor, no queremos ayudar a nadie a abrirse. Queremos mantener lo feo tras una portada, esconder las imperfecciones bajo filtros de Instagram, ver otro episodio de una serie en vez de tener una conversación real. Nos gusta la idea de querer a alguien a pesar de sus defectos, pero seguimos sin dejarle ver la luz del día a nuestro auténtico yo.

Sentimos que tenemos derecho al amor, igual que nos sentimos con derecho a un trabajo a jornada completa al salir de la universidad. Nuestra juventud repleta de trofeos nos ha enseñado que si queremos algo, merecemos tenerlo. Nuestra infancia rebosante de películas Disney nos ha enseñado que las almas gemelas, el amor verdadero y el felices para siempre existen para todos. Y por eso no nos esforzamos ni nos preguntamos por qué no ha aparecido el príncipe o la princesa azul. Nos cruzamos de brazos, enfadados porque no encontramos a nuestra media naranja. ¿Dónde está nuestro premio de consolación? Hemos participado, estamos aquí. ¿Dónde está la relación que merecemos? ¿Dónde está el amor verdadero que nos han prometido?

Queremos a un suplente, no a una persona. Queremos un cuerpo, no una pareja. Queremos a alguien que se siente a nuestro lado en el sofá mientras navegamos sin rumbo fijo por las redes sociales y abrimos otra aplicación para distraernos de nuestras vidas. Queremos mantener el equilibrio: fingir que no tenemos sentimientos aunque seamos un libro abierto; queremos que nos necesiten, pero no queremos necesitar a nadie. Nos cruzamos de brazos y discutimos las reglas con nuestros amigos, pero ninguno conoce el juego al que estamos intentando jugar. Porque el problema de que nuestra generación no quiera relaciones es que, al final del día, sí que las queremos.

Este post fue publicado originalmente en la edición estadounidense de ‘The Huffington Post’ y ha sido traducido del inglés por Lara Eleno Romero.

LA PRÁCTICA DE LA SOLEDAD

 

Para poder conversar con lo femenino salvaje una mujer tiene que abandonar transitoriamente el mundo y sumirse en un estado de soledad en el sentido más antiguo de la palabra. Hace tiempo, el adjetivo inglés alone [solo], equivalía a dos palabras: all one, es decir, “todo uno”. Ser todo uno significaba ser una unidad total, una unicidad, tanto con carácter esencial como transitorio. Éste es precisamente el objetivo de la soledad, ser totalmente uno mismo. Es la mejor cura para el estado de extremo cansancio habitual en las mujeres modernas, el que las induce a “saltar a la grupa de su caballo y lanzarse al galope en todas direcciones”.
La soledad, no es ausencia de energía o acción tal como algunos creen, sino una abundancia de provisiones salvajes que el alma nos transmite. En tiempos antiguos, tal como sabemos a través de los médicos-sanadores y místicos, la soledad deliberada era no sólo paliativa sino también preventiva. Se utilizaba para curar la fatiga y prevenir el cansancio. También se usaba como oráculo, como medio para escuchar el yo interior y pedirle unos consejos y una guía imposibles de escuchar en medio del estruendo de la vida cotidiana.
Las mujeres de la antigüedad y las modernas aborígenes solían crear un lugar sagrado para esta clase de comunión y búsqueda. Dicen que tradicionalmente se establecía durante el período menstrual de las mujeres, pues en estos días una mujer vive mucho más cerca de su propio conocimiento que de costumbre; el espesor de la membrana que separa la mente inconsciente de la consciente se reduce considerablemente. Los sentimientos, los recuerdos, las sensaciones que normalmente están bloqueados penetran en la conciencia sin ninguna dificultad. Si una mujer se adentra en la soledad en este período, tiene más material para examinar.
No obstante, en mis intercambios con las mujeres de las tribus del Norte, Centro y Sudamérica así como con las de algunas tribus eslavas, descubro que los “lugares femeninos” se utilizaban en cualquier momento y no solo durante la menstruación; más aún, cada mujer disponía de su propio “lugar femenino”, el cual consistía a menudo en un determinado árbol o punto de la orilla del río o en algún espacio de un bosque o desierto natural o una gruta marina.
Mi experiencia en el análisis de las mujeres me lleva a pensar que buena parte de los transtornos premenstruales de las mujeres modernas no es sólo un síndrome físico sino también una consecuencia de su necesidad insatisfecha de dedicar el tiempo suficiente a revitalizarse y renovarse.
Siempre me río cuando alguien menciona a los primeros antropólogos, según los cuáles en muchas tribus las mujeres que menstruaban se consideraban “impuras” y eran obligadas a alejarse del poblado hasta que “terminaban”. Todas las mujeres saben que, aunque hubiera un forzoso exilio ritual de este tipo, cada una de ellas sin excepción, al llegar este momento, abandonaba la aldea con la cabeza tristemente inclinada, por lo menos hasta que se perdía de vista, y después rompía repentinamente a bailar y se pasaba el resto del camino muerta de risa.
Como en el cuento, si practicamos habitualmente la soledad deliberada, favorecemos nuestra conversación con el alma salvaje que se acerca a nuestra orilla. Y lo hacemos no sólo para “estar cerca” de la naturaleza salvaje del alma sino también, como en la mística tradición de tiempos inmemoriables, para hacer preguntas y para que el alma nos aconseje.
¿Cómo se evoca el alma? Hay muchas maneras: por medio de la meditación o con los ritmos de la carrera, el tambor, el canto, la escritura, la composición musical, las visiones hermosas, la plegaria, la contemplación, el rito y los rituales, el silencio e incluso los estados de ánimo y las ideas que nos fascinan. Todas esas cosas son llamadas psíquicas que hacen salir el alma de su morada.

– Clarisa Pinkola Estés.-

TODA MUJER AMOR ES MUJER MEDICINA

Una mujer medicina es la que mira la vida con amor y bondad

Toda mujer amor es una mujer medicina.

Una mujer que se llena de fuerza, que alimenta de bondad a quienes le rodean, que mira con los ojos serenos de la vida, que se sincera con su identidad, que sana con un beso.

Una mujer medicina es aquella que llena de energía, que infunde y transmite cariño, que abraza al amor con amor, que eleva sus secretos, que profundiza, que es generosa, que conoce el perdón, que vive en gracia, que enseña a saber.

Una mujer medicina es humana, compasiva, sabedora de su poder, de su inspiración, de su permanencia, de su caos y su orden, defensora de su vida, de sus necesidades, de sus sueños y de la cesta de sus olvidos.

El don de ser una mujer medicina

Por esto una mujer medicina es aquella que si pasa, se queda. Es aquella que cuelga siempre del corazón, que pisa fuerte, que es consciente de lo que ocurre a su alrededor, que resulta determinante.

No conoce la perfección ni la imperfección, simplemente ES. Y con esa potencia ayuda a los demás a SER. Esto requiere de un llamamiento, de una pelea con sus juicios, de un conflicto con el entorno.

Porque ser mujer amor no siempre es fácil, hay mucho que pelear. Hay que pelear contra todo aquello que no permite sentir lo que cada momento transmite, que intenta manejar nuestros derechos, que intenta someter nuestros sueños, que menosprecia nuestras necesidades.

Así, ser mujer medicina también es decir basta, no permitir la esclavitud, ser una misma, no necesitar, pero amar sin medida y por encima de cualquier posibilidad. Y ahí nos encontramos con la balanza que hipnotiza el equilibrio emocional de la mujer.

La fortaleza del amor de una mujer88739be661a7619a85253b56e3226b15

No hay nada tan fuerte como el amor de una mujer que pone su empeño en su bienestar, que se acepta a sí misma, que comprende su presente y tiene en cuenta su pasado.

A través de sus experiencias y de su conocimiento la mujer medicina comparte la profundidad del tiempo, la trascendencia de los anhelos y la importancia de amontonar los sueños cumplidos.

Toda mujer tiene dentro del alma una guerrera que le palpita, que le da luz, que le brinda esperanzas, fuerzas y armas para luchar. Es esa guerrera interior la que le ha curado sus heridas, la que ha sanado traiciones, desengaños y rechazos.

Y esa luz es la misma que le hace madurar, volverse sabrosa, explotar su inteligencia, saber manejarse, equilibrar su intuición y su razón, hacer bello el arte de la vida y de la lucha ante las adversidades.

El corazón de la mujer, un océano de misterios

El corazón de la mujer amor es un océano de misterios repleto de peces que brillan cuando está oscuro, lo cual lo hace tan extraño como mágico. El corazón de la mujer medicina es algo que conecta la profundidad de mil misterios.

Es un corazón que palpita por sí mismo, que se deshace en bondad, en respeto, en seguridad, en fuerza, en inteligencia y en cariño. Estos son los principios que sostienen el edificio de la mujer medicina, la que mira su vida de manera generosa, la que no se atrapa.

Esto hace que los actos se conecten y equilibren con el sentir y el pensar, que la mujer sea consciente de sí 03e2183be05cd365f184804e68e71107misma, de lo que es, de lo ha que ha sido y de lo que es capaz de ser. Porque la mejor cura es la aceptación…

La mujer medicina es aquella que está vestida de fuerza y dignidad, de llaves que abren puertas de cuento, de maquillaje de realidad con matices de viveza, de una colección de motivos, de razones a las que aferrarse…

La mejor medicina para el alma es la dulzura de otro ser humano, la amabilidad y la sensibilidad de quien escucha, de quien se trata a sí mismo con respeto y valora a los demás como un tesoro. Eso es lo que define a la mujer amor, la mujer medicina.

Artículo escrito por Raquel Aldana para La Mente es Maravillosa.

Y si te dijera que mañana me muero

Soy tu Ego, ese que alimentas día a día con miles de frases y acciones para satisfacerlo.

Sí, ese mismo que te mantiene durante días, meses, años o toda una vida sin hablarte con un ser querido, soy el que te hace romper relaciones y amistades.

Soy ese que te dice .- ” que te hable él primero ” ” me debe una disculpa” ” tengo razón “, sí ese mismo, imagino que ya me has reconocido, somos viejos amigos, ¿me recuerdas?

Empezamos un año, después de unas fiestas en las que se suelen enviar mensajes y buenos deseos, incluso de aquellas personas que durante el resto del año ni se acuerdan de que existes, (sigo hablando, soy tu Ego). Momentos en los que tenemos grandes propósitos, empezamos un nuevo año y la verdad, muchas ganas de que este sea “Mi Año”. Ese año en el que poder cumplir nuestros sueños y de ser Felices, como si ser feliz fuera algo complicado, difícil y escurridizo.

A veces te miro y pienso que si no me alimentaras tanto, tendrías más espacio para alimentar el sentimiento más buscado y poco encontrado, LA FELICIDAD.

He visto muchos Egos rendirse cuando ya era demasiado tarde, y sí, hay un momento en el cual ya es demasiado tarde y cuando llega ese momento, me desvanezco y me convierto en una gran losa llena de culpa que sigo cargando hasta el día que dejo de existir en este mundo, ahí es donde el Ego se convierte en más dolor.

En esos momentos te pido ” conciencia “, para que no me alimentes tanto, y te hagas estas preguntas ;

¿ Y si mañana me muero ? ¿ Me echarías de menos ? ¿ Echarías de menos a esa persona con la que has dejado de hablar ?

A la mayoría de personas de este mundo si le preguntas lo que desean, es muy rápida su respuesta.- ” SER FELIZ “.

Solo te pido que alimentes más estas palabras sanadoras y te liberes : ” Lo siento, perdóname, gracias , te amo ” .El Ho’oponopono es un arte hawaiano muy antiguo de resolución de problemas.

Ho’oponopono significa “enmendar”, “corregir un error”.

Según esta filosofía, todo lo que aparece en nuestra vida es un pensamiento, una memoria, un programa funcionando (un error) y se presenta para darnos una oportunidad de soltar, de limpiar, de borrar.

Para poder ser feliz hay que soltar esa losa tan pesada y un gran propósito es liberarnos de esas cargas.

Deseo que seas tan feliz, que no sepas si vives o si sueñas

 

Éste es el tipo de amor que elijo y merezco

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Elijo a alguien que no tenga que perderme para extrañarme.

Elijo a alguien que no tenga miedo de conocerme, y mejor aún, que no huya al conocerme. Alguien que me ame a mí, y a mis defectos. Y a pesar de mis conflictos, aún decida quedarse a mi lado. Elijo a alguien que me escuche cuando necesito desahogar mis penas, que me de un abrazo que calme mis nostalgias.

Elijo a alguien con quien cometer locuras y sonreír de ello, sin importar la opinión ajena. Alguien con quien cometer errores y aprender, que a pesar de los obstáculos, juntos podemos crear una historia incomparable, feliz y sin un punto final.

Elijo a alguien que entienda que no soy perfecto, por ello, que acepte y comprenda mis errores. Que me ayude a corregir mis torpezas y también, se deje ayudar. Alguien que entienda que somos dos personas distintas con sentimientos propios, con sueños y muchas metas por cumplir, y me de un impulso para cumplir y lograr todo ese sueño.

Elijo a alguien que me digas pocas veces que me quiere y un sin fin de veces, que me ama. Alguien a quien mirar y descubrir lo importante que soy para ella y consumirme en su mirada.

Elijo a alguien que no tenga que perderme para extrañarme. Que diga que me extraña. Que guarde mis mensajes y lo vuelva leer cuando me extrañe. Alguien que tenga miedo de perderme.

Elijo a alguien con quien no sentirme solo y sentir su presencia siempre. Sentir su amor. Alguien que tenga necesidad de mí, que quiera verme. Alguien con quien necesite hablar para tener mi día completo y, asimismo, tenga la necesidad de hablar conmigo antes de irse a dormir.

Elijo a alguien con quien soñar y recrear historias antes de dormir, sabiendo que soñará conmigo, que despertará pensando en mí. Alguien a quien escribir un mensaje al despertar y tener un mensaje suyo, cuando la noche se despida y los rayos del sol, dibujen la ciudad.

Elijo a alguien con quien sentarme una tarde a tomar un café y hablar sin aburrirnos. Alguien con quien compartir mis anécdotas, mi historia y decir una estupidez sin sentir que recibiré reproches.

Elijo a alguien con quien sentarme un atardecer, a orillas del mar y observar el horizonte, el desfile de las nubes escoltado por las aves que viajan con rumbo desconocido en aquella tarde donde el cielo es fuego. Y suspirar juntos. Y abrazarnos. Y besarnos viajando a otro mundo. Y decirnos lo mucho que nos amamos.

 

Quiero conocer sus defectos y aún así, amarla.